lunes, 30 de mayo de 2011

Cultura (delincuencia) nacional

Veíamos hace algunos días cómo un amigo gallina escribía desesperado una carta a la Católica de Chile, casi rogando que le ganaran a nuestro padre, Peñarol por la Libertadores.
En dicha carta se expresaban hacia nuestro rival de toda la vida adjetivos como "ruin, mugriento, tramposo, pillo, malicioso", etc.

Unos días más tarde compartimos otra serie de mensajes en foros, esta vez destinadas a Vélez, donde una vez más se suplicaba que se le ganara a Peñarol, y se decían cosas como: "... se da el hecho de que juega contra un cuadro de una corrupción tal que es capaz de arreglarse con los jueces para que los favorezcan (el club atletico peñarol)", o que Peñarol "está comprando jueces en la Libertadores", por citar un par de ejemplos.

Sin embargo la historia nos cuenta que las cosas no sólo no son así, sino que son exactamente al revés.

Basta recordar por ejemplo que hace algunos años, en el Club Nacional de Football tuvimos preso en la cárcel de Miguelete a nuestro presidente, don Miguel Restuccia, junto a otros dirigentes, si no recuerdo mal por una denuncia de otro dirigente tricolor.
Pero por allí escribimos que los ruines y maliciosos son nuestros rivales.


Si seguimos haciendo memoria podemos recordar que nuestro querido Nacional clasificó como primer equipo uruguayo a la Libertadores 2006 luego de salir campeón porque Defensor no se presentó a jugar la final por el uruguayo.
Por qué no se presentó?
Porque en el campeonato 2005 Nacional precisaba ganarle a Rocha para acceder a la final, y cumplido el tiempo reglamentario iban empatados.
El juez, Gustavo Méndez (que a raíz de este partido sería expulsado del Colegio de Arbitros) decidió dar 6 minutos de descuentos (sí, 6, cosa pocas veces vista).
Igualmente el partido acababa en empate, así que el mencionado árbitro cobró en el último minuto de los descuentos un penal para Nacional, penal con el que se consagró campeón.
Jorge Savia escribió en aquel entonces en El País (diario que siempre ha sido afín a Nacional) lo siguiente: "... Lo peor de todo es que ocurrió de forma grosera. Burda. Lamentable".
Luis Inzaurralde de El Observador mientras tanto decía: "Fue aberrante. Desagradable, asqueante. Los favores de Méndez a Nacional excedieron todo"

Ya años atrás el mismo árbitro Gustavo Méndez protagonizó otra polémica, cuando en el clásico por la final del uruguayo del año 2000 favoreció descaradamente a Nacional, que acabó ganando el partido 1 a 0.
Sobre ese partido dijo el cuarto árbitro, Saúl Feldman: "sentí vergüenza ajena porque vi y sé de arbitraje"
Otro árbitro, Oliver Viera, denunció que el mismo Méndez le dijo dos veces que impidió que Peñarol venciera a Nacional en aquella final.
Ahora nosotros decimos que los que compran árbitros son los demás.
Somos geniales, o no?


Hace poco, el pasado verano, ya bajo el reinado de la tan promocionada "Cultura Nacional" ocurrió otro episodio.
Un dirigente de Nacional fue procesado por un delito, por comprar computadoras robadas.
Según parece, nuestro presidente habría hablado con el dirigente en cuestión y le habría dicho que si no se hacía público no pasaba nada.
Finalmente la prensa se enteró y el dirigente voló, como vemos no por convicciones, sino para mantener las apariencias.



Enterados de esta situación, nuestros hinchas manifestaron su indignación en nuestro foro gallina.
¿Por tener un delincuente en nuestras filas ocupando un cargo dirigencial?
¡Noo!
Enojados con los medios, en especial "Caras y Caretas" que lo hicieron público, por publicar la verdad, y enojados con el presidente, porque para mantener las apariencias lo relevó del cargo.
Un par de ejemplos de este profundo sentido de la ética que nos caracteriza:





Como puede verse con unos ejemplitos rápidos, no tenemos autoridad moral para hablar de los demás, pero bueno, es parte de nuestra tradición, de nuestra historia, de nuestra "Cultura Nacional", ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Acusar sin pruebas ni fundamentos a los demás, y enojarnos cuando la Justicia hace su trabajo.
Es parte de nuestra idiosincracia, y a estas alturas ya no vamos a cambiar.
Somos bolsos, somos así, gallinas, ¡qué se va a hacer!

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